Una historia que fundó Deseo… de Freud y sus cartas de amor a…
¿nuestros días?
Víctor Villarreal
“¿Por qué he
recurrido de nuevo a la escritura?
No hace falta querida, plantear la cuestión tan clara,
porque, en verdad, no tengo nada que decirte; tus queridas manos, de todos
modos, recibirán esta esquela.”
Wolfgang Goethe
Una
historia siempre se inscribe en alguna parte, no puede dejar de existir por sí
o por olvido; siempre aparecerá en forma de acto o de síntoma, y sólo podrá ser
leída descifrando la lógica de quien la cuenta.
Las
primeras interpretaciones dadas por la arqueología, la antropología, la
historia, entre otras, inician con imágenes y tumbas cavernarias de la vida
cotidiana; hasta hoy en día, con la punción lumbar como técnica para conocer la
historia orgánica que un cuerpo ha padecido.
Pero
las historias no sólo son imágenes o cuerpos, son la manera singular en que
cada sujeto ha significado las vivencias y con lo que ello ha podido devenir
sujeto en un contexto.
Es
por ello que el lenguaje ha jugado en toda la existencia humana un papel
fundador en las historias tanto singulares como plurales, ha dado sentidos y
afectos, y ha pretendido comunicarnos, falazmente, pero lo ha intentado; porque
en muchas ocasiones al decir algo se cree que el otro ha logrado entender qué
quiero decir, pero el otro entiende a partir de su propia lógica, no de la
quien emite el mensaje.
Pondré
dos ejemplos cotidianos, él bebe llora y transmite algo a la madre, la cual
interpreta algo que a veces acierta y otras… pues hace de madre.
Otro
ejemplo, es el te amo; al decirlo a otro, se espera que entienda que se le ama,
pero el amor expresado en palabra está cargado de sentidos y experiencias
únicas que no han sido vividas por quien lo recibe, ya que ha tenido otra historia,
otros sentidos, otros afectos; el amor ha sido significado por las vivencias
históricas singulares y contextualizadas. No es lo mismo hoy el amor que en la
época victoriana.
Sin
embargo, quiero limitarme a hablar de una forma de expresar el lenguaje: de la
palabra a la letra, de la letra a la escritura y de la escritura a la carta.
La
carta como testigo de una historia, como otro intento de comunicar algo que
deje huella de ello, pues está siempre será escrita para otro en otro tiempo;
entonces, la carta será siempre un lazo con el otro. Pues cuando se escribe, se
hace para dejar una marca de algo que se quiere decir a alguien más o para sí
mismo, en otro momento.
Así,
tomando todo lo anterior quiero hablar de las cartas de amor de Sigmund Freud;
aquellas tan apasionadas que le escribió a Martha, su esposa, cito: "Por
mucho que te quieran, no renunciaré a ti por nadie, ni nadie te merece. No hay
amor hacia ti que pueda compararse con el mío."
Existe
claramente una pasión y un deseo fuertemente expresado allí para alguien que a
Freud le significa fuertemente en su vida; la pregunta sería: ¿Qué fue lo que
hizo que alguien tan apasionado descubriera el psicoanálisis?
Porque
Freud no se detiene en la neurología, magnoterapia, hidroterapia, hipnoterapia
y demás técnicas que sus contemporáneos y predecesores tomaban como tratamiento
fundamental para los pacientes de su época.
Freud
siempre quiso dejar huella, pero ¿acaso se aferra a un motivo? Como cuando le
escribe a Martha: “descubriré algo que me haga famoso y con el cual gane el
dinero suficiente para casarme contigo”.
Freud
no se detiene, sabe que debe hacer e ir mas allá de sus colegas, no puede
quitar su deseo de en medio; escucha lo que otros no lograron o no quisieron,
pasa por la hipnosis, el método catártico, la cocaína, la mano en la frente; lo
calla una paciente y aprende sobre los efectos de la palabra al callarse.
En
sus cartas sabe que debe tener una inspiración para continuar con todo su
deseo, un deseo come deseos, pues el escribe: “No he recibido respuesta alguna
de ya varias de mis cartas, si no respondes no escribiré más”; con esto se ve
cómo la demanda va encaminada a poder ser satisfecha, a ser amado, sabe que la
carta no es sólo un escrito catártico más, existe otro que desea le responda.
Con
lo anterior se explica perfectamente la frase del amor de Jacques Lacan: “amar
es querer dar al otro lo que no se tiene”. Freud firma al finalizar sus cartas,
“siempre tuyo Sigmund Freud”. Expresa la necesidad de que ella lo acepte como
suyo, él la ama pero en su demanda de amor pide que se le ame, que se le
responda, por eso al amar le pide lo que no tiene, su amor.
Pero
no sólo deja su nombre grabado en las cartas a Martha, también a sus mentores y
pares que admiraba les escribía espartanamente sus descubrimientos; a tal grado
que pensamos en una relación intelectual de amor, Freud, por ejemplo, escribe:
“Mi querido amigo: has escrito con tanta amabilidad que no puedo hacerte
esperar hasta tener algo para decirte, si no que debo darte noticias de la vida
cotidiana” (carta a Wilhelm Fliess).
Su
pasión por escribir y expresarse se da de tal modo que sus ideas sean
reconocidas por aquellos que reconoce importantes, y su escritura es tan
poética y pasional, que su obra está atravesada por un estilo literario rico y
complejo que deja un sabor de amor entre sus lectores.
Pero
con todo esto, qué es lo que Freud con sus cartas puede apostar y aportar al
contexto amoroso de nuestros tiempos, me atreveré a decir que bastante… hablo
directamente de medios, de redes sociales usados como demanda de amor, de
cartas que nunca terminan de escribirse y que su lectura no da tiempo de
digerirse; cuestiones como Twitter donde lo que se ha escrito desaparece por
mil twists que han aparecido rápidamente, se lee al día, no la historia, no el
deseo, sino, se lee a partir de una demanda que no es singular.
Se
renuncia al deseo singular para entrar de la demanda del deseo a la demanda del
consumismo, es por ello que cito una carta más de Freud: “habiendo hecho muchas
cosas que cualquier persona sensata consideraría osadas. Una de ellas fue la de
emprender la senda médica siendo pobre. Otra, la de, siendo pobre, capturar el
corazón de una pobre chica… Pero así ha de continuar siendo mi vida: mucho
riesgo, mucha esperanza, mucho trabajo. Para la sensatez de la burguesía media
me he perdido hace mucho tiempo”.
Freud
renuncia al capitalismo y a la ideología de la burguesía para ir tras ese deseo
singular, que hoy en día, se deja de lado para ser deseado a partir de una
construcción de marketing y de una mutación cada vez más insostenible del amor.
Así
lo pienso.
Bibliografía:
Barthes,
Roland , Fragmentos de un discurso amoroso, Siglo XXI, México, 1993.
Freud,
Sigmund , Cartas de amor, Fontana, Clásicos Universales, México, 1999.
Freud
, Sigmund, Cartas a Fliess, Amorrotu, Buenos Aires, 1994.

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