Así habló Tyler Durden
Por Carlos Alburquerque
Debemos utilizar, y nos invita a ello Gilles
Deleuze, la narrativa fílmica como medio para capturar el encuentro de Nietzsche con el
psicoanálisis lacaniano. Para Deleuze, el cine es una
experiencia filosófica, donde la filosofía mira al cine y luego donde el cine
trastoca esta posición mirando a la filosofía. Así ocurre en el film El club de la pelea[1]
Cinta que nos narra
como un hombre sin ilusiones lucha contra su insomnio, consecuencia de su
hastío por su gris y rutinaria vida. En un viaje en avión conoce a Tyler
Durden, un carismático vendedor de jabón que sostiene una filosofía que pone en
evidencia el nihilismo de la sociedad burguesa. Cuando su hogar es destruido por
una explosión, este hombre se muda con Tyler a una casa abandonada. Allí
comenzarán a organizar un club secreto donde los golpes y la violencia son el
único camino para encontrar la verdadera libertad.
Tyler Durden es un
verdadero nietzscheano como podemos ver en las siguientes frases lapidarias que
entabla consigo mismo (cosa que no somos conscientes al inicio del film debido
a que aparenta ser dos personas). Tyler increpa a su interlocutor mientras le
quema la mano con sosa caustica argumentando la necesidad de aceptar el dolor,
concentrarse en su experiencia de vida y no escapar de ella como lo hace en los
talleres de auto-superación al que acuden las personas que sufren una
enfermedad. Criticando a la tanatología
y a las terapias humanistas que buscan apaciguar el sufrimiento, pero al mismo
tiempo anulan la vida bajo la ilusión de la esperanza. En ese momento de profundo dolor su alter ego grita, y Tyler le dice:
“¡Cállate! Nuestros
padres fueron modelos de Dios. Si ellos nos fallaron, ¿qué te dice eso de Dios?
Considera la posibilidad de que a Dios no le agradas,
nunca te ha querido, con toda posibilidad te odia, esto no es lo peor que te
puede pasar. No lo necesitamos ¡Al diablo la redención....! Primero debes saber no temer, saber que algún día vas a morir.
Solamente si perdemos todo seremos capaces de hacer todo”.
Este dialogo es magníficamente nietzscheano. ¿Pero
dónde se haya el encuentro con Lacan? Hay dos personalidades de Tyler Durden (Brad Pitt),
la personalidad aparentemente más débil (Edward Norton)
quiere detener a Tyler más fuerte (podríamos pensar en su voluntad de poder)
porque se ha enamorado de Marla (Helena
Bonham Carter) y el
Tyler poderoso que quiere deshacerse de ella porque siente que es un obstáculo
para continuar con su plan revolucionario que involucra destruir las Torres
gemelas Sears donde se encuentran los registros financieros y así convertir la
economía en caos y volver al punto cero, un antes de la sociedad
capitalista.
El Tyler enamorado quiere detenerse, pero no puede
porque no tiene control de su otra personalidad. En la escena final, el Tyler
poderoso tiene encañonado al Tyler enamorado pero éste –y ahí yace el encuentro
con Lacan- se da cuenta de su división y sabe que el arma que sostiene el otro
Tyler, se encuentra en realidad en su propia mano y entonces se dispara así
mismo, matando en lo real al Tyler poderoso -se ha puesto una barrera al goce-
herido pide a su secuaces que dejen ir a Marla y ella se acerca, y él la toma
de la mano y le dice que lo ha conocido en un momento muy extraño de su vida,
mientras colapsan las Torres gemelas. La conclusión del film es un encuentro
entre Lacan y Nietzsche, Tyler ha desafiado al Otro para instituirse en el
discurso del amo, pero lo que ha visto en él, es lo que Lacan nos ha mostrado,
que en el lugar de la verdad el amo se encuentra dividido.
[1] Fight Club
(conocida como El club de la pelea
en Hispanoamérica) es una película de 1999 basada en la novela
homónima de Chuck
Palahniuk. La cinta fue dirigida por David
Fincher y protagonizada por Edward
Norton, Brad Pitt y Helena Bonham Carter.

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