DE LA FÍSICA ARISTOTÉLICA A LA LÓGICA Y TOPOLOGÍA
LACANIANAS: DEL ORDEN DEL aCONTEsER
J.
Ignacio Mancilla
¿Por qué Lacan avanza
en la postulación de su inconsciente partiendo de los conceptos de azar y
suerte (automaton y tyche) formulados en la Física
de Aristóteles?
Lo que pretende delimitar,
a estas alturas de su Seminario (Lección V de Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis), psicoanalíticamente,
es el concepto de repetición.
Y no solamente es el
Filósofo con mayúscula, como le decía Tomás de Aquino (1224/1225-1274) al
estagirita, en quien Lacan se apoya, teoréticamente, sino que también implica a
un danés moderno, Sôren Kierkeegard (1813-1855); pues a partir de él se habla
de cómo la repetición exige lo nuevo y no es, contra el sentido común, simple
reedición de lo pasado.
Una clínica distinta
se abre a partir de esta nueva conceptuación.
Una clínica de lo
real como síntoma, ya que en el inconsciente insiste aquello que no puede
alcanzar más que el estatuto de lugar teniente de la representación
(Vorstellunreprâsentanz).
Una clínica que
necesita resignificar, de otro modo, la transferencia; pero también la pulsión;
pues se han replanteado, radicalmente, lo inconsciente así como la repetición
misma.
Insisto: todo esto
depende de la subversión del inconsciente y la repetición.
Pero vayamos al texto
aristotélico, para dejar claro cómo Lacan relee, paganamente, no
cristianamente, un texto desde la subversión científica que ha introducido el
discurso psicoanalítico: la del sujeto del inconsciente y su lógica del
fantasma.
No sin apoyarse en el
cogito cartesiano, es decir en el sujeto de la ciencia, para instaurar el
sujeto del inconsciente como sujeto gozante.
Sí, son cuatro los
conceptos que se están replanteando radicalmente; reflexionados en pares:
Inconsciente y
repetición.
Y transferencia y
pulsión, no sin consecuencias en toda la teoría y la práctica psicoanalítica.
Pero vayamos al texto
aristotélico, para, enseguida, establecer, desde nuestra lectura, el por qué
Lacan recurre, en este momento histórico de su discurso, precisamente al
Aristóteles de la Física y no al de la Metafísica:
“También la suerte y
el azar se cuentan entre las causas, y se dice que muchas cosas son y llegan a
ser por la suerte y por el azar” (Física
II, 4, versión de Ute Schmidt Osmanczik, UNAM, México, 2001).
Aristóteles establece
que la suerte (tyche) solamente se da en un ser capaz de elegir, es decir, que
desea: de modo que solamente en él hay suerte y, por tanto, des-encuentro y
trauma.
De ahí que Lacan reconfigure
su noción de inconsciente, yendo más allá de Freud, al tiempo que lo retoma,
haciendo uso, particularmente de las nociones de azar (automaton) y suerte (tyche);
pues solamente hablando de lo humano es que cabe la buena y la mala suerte.
En este sentido, creo
que no es casual que los antiguos veneraran a la Diosa Fortuna (Tyche) y que,
todavía hoy, nos congratulemos por la buena suerte, mientras maldecimos la mala.
Pero sin incluimos el
psicoanálisis, la pregunta es:
¿Y qué hay de nuestro
deseo en todo lo que nos acontece?

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