sábado, 20 de junio de 2015

DE LA FÍSICA ARISTOTÉLICA A LA LÓGICA Y TOPOLOGÍA LACANIANAS: DEL ORDEN DEL aCONTEsER

J. Ignacio Mancilla

¿Por qué Lacan avanza en la postulación de su inconsciente partiendo de los conceptos de azar y suerte (automaton y tyche) formulados en la Física de Aristóteles?

Lo que pretende delimitar, a estas alturas de su Seminario (Lección V de Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis), psicoanalíticamente, es el concepto de repetición.

Y no solamente es el Filósofo con mayúscula, como le decía Tomás de Aquino (1224/1225-1274) al estagirita, en quien Lacan se apoya, teoréticamente, sino que también implica a un danés moderno, Sôren Kierkeegard (1813-1855); pues a partir de él se habla de cómo la repetición exige lo nuevo y no es, contra el sentido común, simple reedición de lo pasado.

Una clínica distinta se abre a partir de esta nueva conceptuación.

Una clínica de lo real como síntoma, ya que en el inconsciente insiste aquello que no puede alcanzar más que el estatuto de lugar teniente de la representación (Vorstellunreprâsentanz).

Una clínica que necesita resignificar, de otro modo, la transferencia; pero también la pulsión; pues se han replanteado, radicalmente, lo inconsciente así como la repetición misma.

Insisto: todo esto depende de la subversión del inconsciente y la repetición.

Pero vayamos al texto aristotélico, para dejar claro cómo Lacan relee, paganamente, no cristianamente, un texto desde la subversión científica que ha introducido el discurso psicoanalítico: la del sujeto del inconsciente y su lógica del fantasma.

No sin apoyarse en el cogito cartesiano, es decir en el sujeto de la ciencia, para instaurar el sujeto del inconsciente como sujeto gozante.

Sí, son cuatro los conceptos que se están replanteando radicalmente; reflexionados en pares:

Inconsciente y repetición.

Y transferencia y pulsión, no sin consecuencias en toda la teoría y la práctica psicoanalítica.
Pero vayamos al texto aristotélico, para, enseguida, establecer, desde nuestra lectura, el por qué Lacan recurre, en este momento histórico de su discurso, precisamente al Aristóteles de la Física y no al de la Metafísica:

“También la suerte y el azar se cuentan entre las causas, y se dice que muchas cosas son y llegan a ser por la suerte y por el azar” (Física II, 4, versión de Ute Schmidt Osmanczik, UNAM, México, 2001).

Aristóteles establece que la suerte (tyche) solamente se da en un ser capaz de elegir, es decir, que desea: de modo que solamente en él hay suerte y, por tanto, des-encuentro y trauma.

De ahí que Lacan reconfigure su noción de inconsciente, yendo más allá de Freud, al tiempo que lo retoma, haciendo uso, particularmente de las nociones de azar (automaton) y suerte (tyche); pues solamente hablando de lo humano es que cabe la buena y la mala suerte.

En este sentido, creo que no es casual que los antiguos veneraran a la Diosa Fortuna (Tyche) y que, todavía hoy, nos congratulemos por la buena suerte, mientras maldecimos la mala.



Pero sin incluimos el psicoanálisis, la pregunta es:

¿Y qué hay de nuestro deseo en todo lo que nos acontece?

  

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