viernes, 20 de marzo de 2015

DE EXCOMUNIONES Y POLÍTICAS DE SILENCIAMIENTO: DE SPINOZA A LACAN Y… A CARMEN ARISTEGUI

J. Ignacio Mancilla



Este primer texto del blog En nombre propio, que me toca aportar, he decidido que sea sobre la primera lección del Seminario 11 de Jacques Lacan, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964), que su editor (de hecho el heredero legal de la obra del controvertido pensador francés) ha titulado La excomunión.
Son muchos los problemas que plantea el singular psicoanalista galo, pero antes de exponerlos sucintamente, quiero hacer una breve historia de tan importante Seminario en lo que hoy podemos llamar, sin tapujos, historia del lacanismo.
Cabe advertir que Jacques Lacan (1901-1981) ha sido expulsado de la International Psychoanalytical Association (IPA), esto sucedió el 20 de noviembre de 1963; hecho por el que interrumpe su Seminario Del nombre del padre y una vez fuera, hace una especie de “retorno” y decide, en 1964, trabajar sobre los conceptos de Inconsciente, Repetición, Transferencia y Pulsión.
Es en esas circunstancias que habla de la excomunión de Baruch Spinoza (1632-1677), autor de la Ética demostrada según el orden geométrico, entre otras obras de una enorme relevancia filosófica, para aludir de ese modo a su expulsión, al tiempo que expone sobre lo que lo autoriza; el haber sostenido una enseñanza de diez años dentro de la IPA.
El hilo conductor es una pregunta que él se ha formulado y ha intentado responder, año con año, hasta su muerte, en un Seminario que no se repite: ¿Qué es el psicoanálisis?
Cuestión que implica la praxis (clínica) y la teoría del psicoanálisis y la reflexión pivote sobre el deseo del analista, es decir, también se interroga, cosa que al parecer fue lo que no le perdonaron, sobre el deseo de Sigmund Freud (1856-1939), como lo que está en el origen del psicoanálisis mismo.
Ello contra la conversión, un tanto cómica, de la Institución analítica en Iglesia y del discurso analítico en religión.
Por supuesto que Lacan se niega a ser reducido al silencio y defiende la causa del deseo, negando, con sus respuestas a la única pregunta que se retoma en el Seminario, reducir éste a una mera dimensión psicológica.
Cierto que hoy ya no se excomulga, pero los Estados, por lo menos el mexicano (y no solamente), aunque sea en forma indirecta, hoy prosigue con una política de silenciamiento que de ninguna manera podemos aceptar.
Es lo que ha acontecido, hoy, en pleno 2015, con la famosa periodista Carmen Aristegui.
¿Por qué hacer esta relación, puede que se interrogue el lector de este blog?
Porque, así lo manifestamos, ya sea por motivos religiosos, doctrinarios o políticos, en el mundo contemporáneo no se puede pretender silenciar a nadie en nombre de nada.
Y es que si bien es cierto que el silencio es el fundamento del lenguaje, como bien lo ha dicho Martin Heidegger (1889-1976); y de que no pocas veces en la clínica psicoanalítica el silencio es la respuesta del analista al discurso del analizante, la praxis analítica está jugada del lado de la palabra y, en ese sentido, la a/puesta es porque el paciente pueda decir todo lo que se le ocurra, sin por ello ser puesto en entredicho desde ninguna perspectiva: ni moral, ni religiosa, ni política.
Dicho en otras palabras, se trata de apalabrar, de poner en palabras; ésta es una libertad que no puede ser coartada, mucho menos en nombre del psicoanálisis; he aquí el valor que tiene la comparación que hace Lacan de su expulsión de la IPA con la excomunión que sufriera, por parte de la sinagoga judía, una de los filósofos modernos más significativamente contemporáneos, en la medida en que, precisamente, él defiende la libertad de investigación y de pensamiento.
En eso Spinoza no cedió; y Lacan tampoco.
De ahí la inusitada fuerza con la que Lacan se lanza contra la dogmatización de la obra de Freud, a/postando por su lado crítico y subversivo, en tanto el discurso y la praxis analítica se tiene que jugar, siempre, del lado del deseo como objeto.  


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