DE EXCOMUNIONES Y POLÍTICAS DE SILENCIAMIENTO: DE SPINOZA
A LACAN Y… A CARMEN ARISTEGUI
Este primer texto del
blog En nombre propio, que me toca aportar, he decidido que sea sobre la
primera lección del Seminario 11 de
Jacques Lacan, Los cuatro conceptos
fundamentales del psicoanálisis (1964), que su editor (de hecho el heredero
legal de la obra del controvertido pensador francés) ha titulado La excomunión.
Son muchos los
problemas que plantea el singular psicoanalista galo, pero antes de exponerlos
sucintamente, quiero hacer una breve historia de tan importante Seminario en lo que hoy podemos llamar,
sin tapujos, historia del lacanismo.
Cabe advertir que Jacques
Lacan (1901-1981) ha sido expulsado de la International Psychoanalytical Association
(IPA), esto sucedió el 20 de noviembre de 1963; hecho por el que interrumpe su Seminario Del nombre del padre y una vez fuera, hace una especie de “retorno”
y decide, en 1964, trabajar sobre los conceptos de Inconsciente, Repetición,
Transferencia y Pulsión.
Es en esas
circunstancias que habla de la excomunión de Baruch Spinoza (1632-1677), autor
de la Ética demostrada según el orden
geométrico, entre otras obras de una enorme relevancia filosófica, para
aludir de ese modo a su expulsión, al tiempo que expone sobre lo que lo
autoriza; el haber sostenido una enseñanza de diez años dentro de la IPA.
El hilo conductor es
una pregunta que él se ha formulado y ha intentado responder, año con año, hasta
su muerte, en un Seminario que no se
repite: ¿Qué es el psicoanálisis?
Cuestión que implica
la praxis (clínica) y la teoría del psicoanálisis y la reflexión pivote sobre
el deseo del analista, es decir, también se interroga, cosa que al parecer fue
lo que no le perdonaron, sobre el deseo de Sigmund Freud (1856-1939), como lo que está en
el origen del psicoanálisis mismo.
Ello contra la
conversión, un tanto cómica, de la Institución analítica en Iglesia y del
discurso analítico en religión.
Por supuesto que
Lacan se niega a ser reducido al silencio y defiende la causa del deseo,
negando, con sus respuestas a la única pregunta que se retoma en el Seminario, reducir éste a una mera dimensión
psicológica.
Cierto que hoy ya no
se excomulga, pero los Estados, por lo menos el mexicano (y no solamente),
aunque sea en forma indirecta, hoy prosigue con una política de silenciamiento
que de ninguna manera podemos aceptar.
Es lo que ha
acontecido, hoy, en pleno 2015, con la famosa periodista Carmen Aristegui.
¿Por qué hacer esta
relación, puede que se interrogue el lector de este blog?
Porque, así lo
manifestamos, ya sea por motivos religiosos, doctrinarios o políticos, en el
mundo contemporáneo no se puede pretender silenciar a nadie en nombre de nada.
Y es que si bien es
cierto que el silencio es el fundamento del lenguaje, como bien lo ha dicho
Martin Heidegger (1889-1976); y de que no pocas veces en la clínica
psicoanalítica el silencio es la respuesta del analista al discurso del
analizante, la praxis analítica está jugada del lado de la palabra y, en ese
sentido, la a/puesta es porque el paciente pueda decir todo lo que se le ocurra,
sin por ello ser puesto en entredicho desde ninguna perspectiva: ni moral, ni
religiosa, ni política.
Dicho en otras palabras,
se trata de apalabrar, de poner en palabras; ésta es una libertad que no puede
ser coartada, mucho menos en nombre del psicoanálisis; he aquí el valor que
tiene la comparación que hace Lacan de su expulsión de la IPA con la excomunión
que sufriera, por parte de la sinagoga judía, una de los filósofos modernos más
significativamente contemporáneos, en la medida en que, precisamente, él
defiende la libertad de investigación y de pensamiento.
En eso Spinoza no
cedió; y Lacan tampoco.
De ahí la inusitada
fuerza con la que Lacan se lanza contra la dogmatización de la obra de Freud, a/postando
por su lado crítico y subversivo, en tanto el discurso y la praxis analítica se
tiene que jugar, siempre, del lado del deseo como objeto.

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