miércoles, 25 de marzo de 2015

A PROPÓSITO DEL INCONSCIENTE FREUDIANO Y LACANIANO: ¡NO A LA PSICOLOGIZACIÓN DE LA TEORÍA ANALÍTICA!

J. Ignacio Mancilla

La segunda lección del Seminario 11 (22 de enero de 1964), Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, que Jacques Alain Miller intitula El inconsciente freudiano y el nuestro es un rotundo rechazo a la psicologización de la teoría analítica, tan hegemónica en tiempos de Lacan como en nuestra época.

De ahí que sentencie, desde el inicio, de manera tajante que:

“(…) desde donde están situados no pueden imaginar qué grado de desdén, o simplemente de desconocimiento para con su instrumento pueden llegar a tener los analistas” (página 26 del Seminario).

Por supuesto que Lacan está hablando de la palabra.

No se olvide que el registro de lo Simbólico es el que nos permite comprender la singular dialéctica analítica, que va más allá de lo meramente especular (Imaginario), dándole, precisamente su lugar; incluso es, justamente, en esa peculiar dialectización que se llega a situar el objeto a como la causa del deseo, para así anudarlo con el registro de lo Real.

Despsicologizando, de forma radical, el deseo y dándole, así, su estatuto estricto de objeto.

Es en este horizonte que se justifica la mención de la teoría de las cuatro causas de Aristóteles (384-322 a. C.): materia, formal, eficiente y final. Para explicarnos la diferencia radical entre ciencia, filosofía y psicoanálisis a la hora de conceptuar el tema de la causa.

Bien, Lacan se apoya en la figura señera del antropólogo Claude Lévi-Strauss (1908-2009) y su función clasificatoria, para así apuntalar su muy singular noción de inconsciente, que en alguna medida prolonga el concepto freudiano; es desde  ahí que el famoso aforismo lacaniano sobre el inconsciente, que dice: “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” adquiere su sentido y que nos remite, ya, a la radical función… clasificatoria del significante, puesta en primer plano desde el Seminario 9 (1961-1962), La identificación.

Es relacionando la causa y su función de desconocimiento que el psicoanalista francés insiste en el carácter de no realizado que adquiere el inconsciente, como apertura (temporal) que de no interpretarse, adecuadamente, se cierra para obturar así cualquier “lectura” de sus formaciones.

De ahí, pues, el deslinde, cuando afirma que:

“El inconsciente freudiano nada tiene que ver con las llamadas formas de inconsciente que le precedieron, como tampoco con las que lo acompañan o todavía lo rodean (…)

“El inconsciente de Freud no es en absoluto el inconsciente romántico de la creación imaginativa. No es el lugar de las divinidades de la noche” (páginas 31 y 32).

El inconsciente de Freud, nos dice Lacan, y ya estamos hablando de su Inconsciente, tiene que ver con la falta.

Con algo radicalmente desconocido que nunca podrá devenir consciente.

Es por ello que esta lección termina aludiendo a la Psicopatología de la vida cotidiana, la misma en que el creador del Psicoanálisis nos narra su borramiento (olvido) del significante (nombre propio) Signorelli, relacionado con el tema de la muerte y la sexualidad; además de con la incapacidad de Freud para responder a la pregunta de:

¿Qué quiere una mujer? 

Por mi parte termino este apretado texto que intenta resumir, confieso mi fracaso (Lacan es imposible de resumir), con una pregunta que prolonga la propuesta de Jacques Alain Miller, con respecto a las diferencias entre el Inconsciente freudiano y el lacaniano.

Mi pregunta es simple; y va más allá de la modestia de Lacan (aunque usted, lector, no lo crea) al formular su diferencia con respecto a Freud en lo relativo a lo inconsciente, con un discreto uso de la primer persona del plural: “… y el nuestro” dice el título de la lección

Mi cuestión es sencillamente:


¿Y el vuestro?  


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