A PROPÓSITO DEL INCONSCIENTE FREUDIANO Y LACANIANO: ¡NO A
LA PSICOLOGIZACIÓN DE LA TEORÍA ANALÍTICA!
J.
Ignacio Mancilla
La segunda lección
del Seminario 11 (22 de enero de 1964), Los
cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, que Jacques Alain Miller
intitula El inconsciente freudiano y el
nuestro es un rotundo rechazo a la psicologización de la teoría analítica,
tan hegemónica en tiempos de Lacan como en nuestra época.
De ahí que sentencie,
desde el inicio, de manera tajante que:
“(…) desde donde
están situados no pueden imaginar qué grado de desdén, o simplemente de
desconocimiento para con su instrumento pueden llegar a tener los analistas”
(página 26 del Seminario).
Por supuesto que
Lacan está hablando de la palabra.
No se olvide que el
registro de lo Simbólico es el que nos permite comprender la singular
dialéctica analítica, que va más allá de lo meramente especular (Imaginario),
dándole, precisamente su lugar; incluso es, justamente, en esa peculiar
dialectización que se llega a situar el objeto a como la causa del deseo, para
así anudarlo con el registro de lo Real.
Despsicologizando, de
forma radical, el deseo y dándole, así, su estatuto estricto de objeto.
Es en este horizonte
que se justifica la mención de la teoría de las cuatro causas de Aristóteles
(384-322 a. C.): materia, formal, eficiente y final. Para explicarnos la
diferencia radical entre ciencia, filosofía y psicoanálisis a la hora de
conceptuar el tema de la causa.
Bien, Lacan se apoya en
la figura señera del antropólogo Claude Lévi-Strauss (1908-2009) y su función
clasificatoria, para así apuntalar su muy singular noción de inconsciente, que
en alguna medida prolonga el concepto freudiano; es desde ahí que el famoso aforismo lacaniano sobre el
inconsciente, que dice: “el inconsciente está estructurado como un lenguaje”
adquiere su sentido y que nos remite, ya, a la radical función… clasificatoria del
significante, puesta en primer plano desde el Seminario 9 (1961-1962), La identificación.
Es relacionando la
causa y su función de desconocimiento que el psicoanalista francés insiste en
el carácter de no realizado que adquiere el inconsciente, como apertura
(temporal) que de no interpretarse, adecuadamente, se cierra para obturar así
cualquier “lectura” de sus formaciones.
De ahí, pues, el
deslinde, cuando afirma que:
“El inconsciente
freudiano nada tiene que ver con las llamadas formas de inconsciente que le
precedieron, como tampoco con las que lo acompañan o todavía lo rodean (…)
“El inconsciente de
Freud no es en absoluto el inconsciente romántico de la creación imaginativa.
No es el lugar de las divinidades de la noche” (páginas 31 y 32).
El inconsciente de
Freud, nos dice Lacan, y ya estamos hablando de su Inconsciente, tiene que ver
con la falta.
Con algo radicalmente
desconocido que nunca podrá devenir consciente.
Es por ello que esta
lección termina aludiendo a la Psicopatología
de la vida cotidiana, la misma en que el creador del Psicoanálisis nos
narra su borramiento (olvido) del significante (nombre propio) Signorelli,
relacionado con el tema de la muerte y la sexualidad; además de con la
incapacidad de Freud para responder a la pregunta de:
¿Qué quiere una
mujer?
Por mi parte termino
este apretado texto que intenta resumir, confieso mi fracaso (Lacan es
imposible de resumir), con una pregunta que prolonga la propuesta de Jacques
Alain Miller, con respecto a las diferencias entre el Inconsciente freudiano y
el lacaniano.
Mi pregunta es simple;
y va más allá de la modestia de Lacan (aunque usted, lector, no lo crea) al
formular su diferencia con respecto a Freud en lo relativo a lo inconsciente,
con un discreto uso de la primer persona del plural: “… y el nuestro” dice el
título de la lección
Mi cuestión es
sencillamente:
¿Y el vuestro?

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