Antes bien, no ser
De Edipo a Eatherly[1] y más allá…
(PARTE PRIMERA)
Marcela Martinelli
Desde que supe el tema del libro y
después conocí el título, se me presentó como un enigma, no sabía bien de qué
trataba y nunca me imaginé claramente su contenido. A saber de: política,
economía, ideología, sociología; y lo que sí sabía que iba a encontrar y así
fue, es psicoanálisis, clínica y filosofía.
Ante todo lo que hallé en el libro y
su lectura, lo planteo así del lado del hallazgo, es un marcado interés en
analizar y problematizar nuestra actualidad: social, económica y subjetiva, a
partir de investigar sucesos pasados y actuales que marcaron y a su vez
proponen o imponen el devenir histórico del mundo.
Encontré un texto que denota estudio,
investigación, muchas lecturas y reflexión. Asbel oye los ecos de tiempos pasados
que no cesan de ser actuales. Posición que reconozco y valoro. Posición
atrevida y provocativa. Posición que conlleva en su enunciación: denuncias y
que no sólo la autora piensa, problematiza y analiza la posmodernidad, sino que
plantea tomar caminos ante lo que parece no tener salida. A saber se posiciona
desde la crítica a la violencia, a los crímenes, a lo superfluo de las promesas
de vida de la posmodernidad y del neoliberalismo. Nos conduce a propuestas
desde su actuar, desde su clínica. Libro denuncia que no solo se queda en
mostrar, sino que aporta desde su hacer, su ser psicoanalista, más bien a
partir de su deseo de analista, lo que sí se puede hacer, convocando al deseo y
sus imposibilidades, a la ética de cada sujeto y a la escucha de eso que no se
quiere oír, ni siquiera quien lo dice.
Presentar el libro es una gran
responsabilidad, la vivencia que tuve es de ser un libro en blanco, que se dejó
empapar con el saber de Asbel y de los teóricos que retoma (a saber son
muchos).
Y lo que me di cuenta es que toca mi
historia, mi padre: argentino, exiliado de izquierda estudió derecho y después
ciencias políticas y economía. Crecí viéndolo leer y escuchando de Marx,
Engels, Gramsci, Hegel y más, con el periódico Uno más Uno y después La
Jornada. Diversos temas abordados en este libro tocan fibras conocidas y a
la vez ajenas. También significantes como exilio, poder, memoria, olvido,
tortura y otros más son un saber en mi historia, que pasan como todo saber por
un no saber y muchas veces sin querer saber de ellos, se asoman. Esa fue la
vivencia que tuve al leer el libro, sin tener cercanía con algunos de los temas
que Asbel abordaba había algo familiar y por familiar, ominoso de lo leído.
Estoy convencida de que cualquier
sujeto que lleve un tiempo viviendo en nuestro país, también se sentirá
convocado y sabrá lo que el libro aborda entorno a la violencia actual, a los
poderes a los que estamos expuestos: Poder desde lo político, económico, desde
las fuerzas que imponen la ley, pero también desde el poder del narcotráfico y
sus luchas. Asimismo Asbel incluye bellamente el poder de nuestras pulsiones,
el sabernos hombres y mujeres no buenos por naturaleza, ni que buscamos el
bien, aunque algunos lo prediquen (Ya ven a Lucerito de altruista teletonera a
cazadora de animales, p. 301). Somos sujetos que vivimos día con día
escapoteando nuestra muerte: interna, feroz y presente en los malestares,
dolores, odios y violencias que nos hacemos y que también ejercemos ante otros,
así también como la muerte externa, esa que se respira: inseguridad,
desasosiego, hastío y más.
Es freudiano y fue dicho ya hace casi 100 años, que la
pulsión de muerte se muestra y se vuelca en pulsión de destrucción, de allí que
la autora entrelaza eruditamente algunos sucesos históricos que han marcado y
herido a la humanidad y que justamente han sido destrucciones: la matanza de
miles de judíos por los nazis, la muerte de una población entera con
consecuencias que fueron más allá de Hiroshima y Nagasaki. Hasta llevarnos a la
destrucción íntima, cruel, como la de la niña Paullete, muerta y escondida por
su madre, o las tragedias vividas por los grandes héroes griegos: Edipo,
Antígona, Penélope por mencionar solo algunos.
Hechos históricos algunos y otros
parte de la mitología que se repiten en menor y diferente escala en nuestros
días y en nuestro país, que la autora
retoma, por ejemplo el caso de las muertas en la fábrica Coppel en Sinaloa que murieron en un incendio, al estar encerradas
“trabajando” toda la noche para cumplir con las exigencias capitalistas de
producción. Asbel dice sujetos convertidos en material combustible, desde Marx
mano de obra, sin rostro, sin derechos, sin historias.

Excelente tu comentario, habrá que leer el libro sin duda. Solo una precisión: Paulette no murió a manos d su madre. La investigación realizada por múltiples instituciones internacionales;entre ellas varias universidades de diferentes países dan como resultado el accidente como la causa de su muerte.
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