PARTE SEGUNDA NOMBRE PROPIO E HISTORIA(S)
El sujeto,
declaraba, era belga de origen, aunque nacido en Teherán en 1904, ya que su
padre se dedicaba a la carrera diplomática. Su madre abandonó Bruselas tras la
invasión nazi, mudándose a París con su familia. Narra, todo en francés por su
puesto, que primero estudió para militar, obligado por su padre, pero después
ingresó a La Sorbona para estudiar periodismo. Después de detallar con suma
precisión algunos datos de su vida como las direcciones en las que vivió, el
nombre de su esposa y sus actividades cotidianas tanto en Francia como en
Bélgica, narró cómo conoció a Sylvia Angeloff quien le introdujo con sus
camaradas de la IV Internacional. Es justamente uno de ellos quien le propone
viajar para conocer a Trotsky. Ataviado con un pasaporte canadiense y portando
el nombre falso de Frank Jackson, llega a México en 1939.
Las sospechas de
veracidad comienzan a aparecer debido a que, antes del atentado, a pesar de
carecer de trabajo, frecuentaba lugares muy caros, bares de moda, usaba carros
lujosos, viajaba con frecuencia y derrochaba un dinero de dudosa procedencia.
Asimismo, llamó la atención de los estudiosos, ciertas coincidencias con David
Alfaro Siqueiros quien, con un grupo de hombres armados, habían intentado
asesinar a Trotsky unos meses antes.
Una vez
analizados los hechos pero, sobre todo su discurso y sus sueños, los
investigadores llegaron a conclusiones muy interesantes. El diagnóstico,
señalado en el punto 10 del informe era claro: el acto delictuoso no era
motivado solo por un odio a la víctima sino que "su más remoto origen es
de naturaleza subconsciente - complejo de Edipo muy activo- y corresponde a la
más grave exteriorización de un estado neurótico, evolutivo, que debió
iniciarse en la más temprana infancia como consecuencia de un trauma
afectivo."4
Se trataba
además, se asegura en el informe, de un mitómano con frustraciones sociales, de
información vaga sobre el marxismo, de poca cultura y propensión a la
excepción, el narcisismo y tendencias propias de un criminal político.7
El homicidio, no lo realizó en un acto de arrebato sino con premeditación,
alevosía y ventaja. Si bien se trataba de un acto impulsivo este fue planeado
con el apoyo de algunos cómplices.
Debido a todo
ello, Jacques Mornard fue condenado a 20 años de prisión que cumplió a
cabalidad y sin resistencia. Una vez terminada su condena en los años sesenta,
vivió bajo el nombre de Ramón Pavlovich López en la URSS donde recibió de mano
de Leonid Brézhnev, las condecoraciones de la Orden de Lenin y de Héroe de la
Unión Soviética, para morir en Cuba en 1978.
Una de las
características de este caso, es que los estudiosos, especialmente el Dr.
Quiroz Cuarón, tenía el empeño de demostrar las conclusiones de su análisis.
Muchos años después, en 1950, en ocasión de un congreso internacional viajó
a Europa. Tanto en Barcelona como en
Madrid, investigó y obtuvo del comisario de la Dirección General de Seguridad,
Pedro Polo Borreguero y de Florentino Santamaría director del Archivo de Identificación
de dicha dependencia, a partir de entrevistas pero, sobre todo de las huellas
dactilares, la confirmación de sus sospechas: el supuesto ciudadano belga, no
era otro que un conocido militante socialista catalán de nombre Juan Ramón
Mercader del Río.
Juan Ramón
Mercader, cambio varias veces de nombre. Pero este hombre era esos nombres.
Principalmente Jacques Mornard. Este ciudadano belga, habló francés durante 20
años en las mazmorras de las tres penitenciarias de México y siguió defendiendo
su nombre cuando vivía en las tierras soviéticas. Él no mentía, era ese hombre.
Su nombre lo convirtió en él. Este nombre que tenía resonancias con el anterior
ya que Jacques puede significar Jaime y los apellidos comparten las letras, era
el nombre del asesino de Trotsky. Es por ese nombre que cambia de nombres.
Dejando de lado y transliterando el Nombre del padre, se construyó una
nominación a partir de un acto que lo
inscribía en la historia. Su acto criminal escribió su nombre en los
anales de Occidente.
Un punto
importante. Ese nombre como los otros, vino de “fuera”, fue nominado por Otro.
El acto asesino fue planeado al menos dos o tres años antes, entre otros, por
uno de lo más eficaces espías del Kremlin, general del ejército rojo y, por un
tiempo, consentido de Stalin. Este hombre de apellido Eitingon, era compañero
sentimental y político de su madre quien, de manera directa, enroló en el
proceso y encomendó a su hijo la acción política que debía realizar. Las
instrucciones eran precisas y habían sido dictadas por este hombre quien
también había redactado la carta que llevaba en su gabardina en el momento del
asesinato: él era y siempre debía ser Jacques Mornard. Este agente que cumplía órdenes
desde Moscú era el intermediario y el brazo estratégico del presidente máximo
del Soviet Supremo.
Jacques Mornard
había sido Jaime Ramón Mercader. Pero, por su pasaje al acto, devino otro que
sería desde entonces. Devino otro que personificó por encomienda del Otro. Por
encargo de Eitingon, por mandato de la causa revolucionaria, del Camarada
Stalin, del bien del mundo, para evitar la guerra, por el deseo de su Madre. Si
bien él era quien fue nominado, él encarnó ese nombre. Algo lo traspasó que él
asumió y ejecutó sin saber. Había en ese nombre algo que él no sabía, un real
que lo designaba más allá de sus ideologías. Hay un enigma en acto. Hay ese
declarar por el acto un nombre que desde entonces será verdad. En el nombre
propio no todo es simbólico, hay un real incognoscible que se evidencia de
manera evidente en esos nombres que se trastocan y se escriben en la diferencia
con la nominación de origen. En el nombre propio hay un grano de real que no se
explica ni se comprende. Tal vez sólo se escribe. En acto.
[i]Referencias
4 Para seguir
los pasos del asesino de Trotsky, se consultaron en la biblioteca del Instituto
de Investigaciones Jurídicas, diversos textos del criminólogo que lo examinó en
aquellos años. Especialmente: Garmabella José Ramón, Dr. Alfonso Quiroz Cuarón.
Sus mejores casos de criminología, Ed. Diana, México, 1968.
5 Op. Cit., p. 87.
6 Ver también el texto consultado, Quiroz Cuarón
Alfonso, Psicoanálisis del magnicidio, Editorial Jurídica Mexicana, México
1965.

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