miércoles, 10 de junio de 2015


PARTE PRIMERA
Nombre propio e historia(s)
Por Helí Morales


Cato y toco, bebo a sorbos mi nombre de tus labios.
Ismael Serrano

Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al volver por la tarde,
La comida caliente y los rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un panecillo
Quien muere por un sí o por un no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el regazo
Como una rama invernal
Primo Levi


Ante el sujeto de la conciencia omnipotente, Freud responde en su tiempo con el sujeto del inconsciente. Por su parte, Lacan subvierte el sujeto hegeliano de la  autoconciencia y el saber absoluto. En estos  tiempos modernos, frente a las experiencias traumáticas del siglo XX, nos sentimos en la obligación política y ética de presentar un nuevo sujeto atravesado por la muerte, la insistencia del goce y las incidencias de las políticas del biopoder, el exterminio y crueldad que tuvieron su punto culminante en los campo de concentración nazi. A este nuevo sujeto se podría llamar, en un primer momento, sujeto de la humanidad y, ya puntualmente, sujeto del nhombre.1
La cuestión del nombre, del nombre propio, rebasa la fenomenología del sentido común. No se trata de la nomenclatura con que se inscribe el sujeto en el registro civil. Es el acto como se escribe en el devenir del tiempo. Es dinámica escritural que incrusta al movimiento significante en la singularidad de un trazo que señala y establece al sujeto. Es la escritura de una modalidad simbólica más allá de los códices ciudadanos. Es trazo que demarca un territorio fuera de la legislación del granito de lo simbólico sin dejar de incluirlo.  Es cartografía de historia, enigma y obra. Es minuta que constituye al sujeto fuera de los ámbitos conocidos de su conciencia. Es cédula, no de identidad, sino de existencia transversal al tiempo.
La cuestión del nombre es una dimensión compleja que anuda la incidencia social y la singularidad existencial. Se trata de una adentro que es al mismo tiempo una afuera. Para dar cuenta de las dificultades que esto implica y los distintos modos como el poder, acomete en la existencia del sujeto, presentamos un ejemplo de la ingerencia de lo política en la configuración de los espacios subjetivos y, la importancia que el nombre propio, tiene en estos entramados.

El asesino
Ese sitio era llamado Coyoacán. Se trataba de un pequeño pueblo que sería  tragado por la gran Ciudad de México.
Allí, en 1940 habría de ocurrir un asesinato brutal que cimbró no solo a los lugareños sino a todo el mundo. El 20 de agosto en la calle de Viena, a las 17:30, León Trotsky había sufrido un atentado. Un hombre que logró devenir de su confianza, le había enterrado un zapapico en la cabeza. Unas horas después, el revolucionario fallecía.
El agresor se hacía llamar Jacques Mornard, se declaraba ciudadano belga y ferviente admirador de su víctima. El día del atentado, este hombre que era novio de una amiga de la secretaria del militante ruso, estaba encerrado con él en su despacho. Mientras Trotsky leía un artículo de su autoría, le clavó por la espalda el pico de montañismo, alegando un arrebato de exaltación y enojo ante la solicitud que asesinara al camarada Stalin. En el momento de su detención, minutos después del acto, llevaba una pistola y un cuchillo cosido a su gabardina. También una carta donde explicaba su nombre y nacionalidad, así como el motivo del homicidio.
El juez encargado de llevar el caso, don Raúl Carrancá y Trujillo, tenía la particularidad de haber tenido correspondencia directa con Sigmund Freud. Este legalista mexicano le había enviado sus artículos al creador del psicoanálisis quien le respondió complacido de que sus teorías pudiesen ser de utilidad a las ciencias penales. Raúl Carrancá no solo leía y escribía sobre las teoría freudianas sino que había experimentado métodos psicoanalíticos para examinar a presuntos criminales y casos complicados de desentrañar.2
Ante las primeras declaraciones, el juez desconfió de la veracidad del relato. El hecho de que la embajada de Bélgica en México desconociera al susodicho y de que algunos exiliados reconociesen en él a un ciudadano catalán3 lo alertó y, apoyado en el artículo 52 del Código Penal, encargó a dos prominentes especialistas, estudiaran el expediente y analizaran al sujeto. Se trataba del maestro universitario y psiquiatra forense Dr. José Gómez Robleda y del joven pero destacado criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón. 
El estudio que arrojó un total de 1359 hojas, duró 6 meses a razón de 6 horas diarias de entrevistas, exámenes y análisis para un total de 972 horas, representando el estudio más amplio y completo jamás practicado.4 Los estudios médico-clínicos no arrojaron ninguna enfermedad ni anatómica ni mental. A decir de los investigadores, se trataba de un hombre con plena conciencia de sus actos y lejos de cualquier caracterización psicótica. Esta afirmación se basaba en el análisis de fotografías, de perfiles antropológicos, de laboratorio, de test psicológicos pero, principalmente, de una escucha atenta del decir del sujeto, que incluía lapsus, autobiografía y, especialmente, sueños.
…
[i]Referencias


[i] Este texto remite al seminario El Sujeto en tiempos de violencia, que en el mes de mayo de este año, tuvo lugar tanto en Guadalajara como en Puebla. Como referencia se encontrará un video en You Tube grabado por los colegas del colectivo a-conteSer. Además este pequeño escrito, es un fragmento de mi libro de próxima aparición llamado: Psicoanálisis con arte. Lenguaje, goce y topología.
2 Ver Gallo Rubén, Freud en México, FCE, México, 2014.
3 Ver Padura Leonardo, El hombre que amaba a los perros, Tusquets editores, 2013, especialmente la segunda y la tercera parte.



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