PARTE PRIMERA
Nombre propio e historia(s)
Por
Helí Morales
Cato y toco, bebo a sorbos mi
nombre de tus labios.
Ismael Serrano
Los que vivís seguros
En vuestras casas caldeadas
Los que os encontráis, al
volver por la tarde,
La comida caliente y los
rostros amigos:
Considerad si es un hombre
Quien trabaja en el fango
Quien no conoce la paz
Quien lucha por la mitad de un
panecillo
Quien muere por un sí o por un
no.
Considerad si es una mujer
Quien no tiene cabellos ni
nombre
Ni fuerzas para recordarlo
Vacía la mirada y frío el
regazo
Como una rama invernal
Primo Levi
Ante el sujeto de la conciencia
omnipotente, Freud responde en su tiempo con el sujeto del inconsciente. Por su
parte, Lacan subvierte el sujeto hegeliano de la autoconciencia y el saber absoluto. En
estos tiempos modernos, frente a las
experiencias traumáticas del siglo XX, nos sentimos en la obligación política y
ética de presentar un nuevo sujeto atravesado por la muerte, la insistencia del
goce y las incidencias de las políticas del biopoder, el exterminio y crueldad
que tuvieron su punto culminante en los campo de concentración nazi. A este
nuevo sujeto se podría llamar, en un primer momento, sujeto de la humanidad y,
ya puntualmente, sujeto del nhombre.1
La cuestión del nombre, del nombre
propio, rebasa la fenomenología del sentido común. No se trata de la
nomenclatura con que se inscribe el sujeto en el registro civil. Es el acto
como se escribe en el devenir del tiempo. Es dinámica escritural que incrusta
al movimiento significante en la singularidad de un trazo que señala y
establece al sujeto. Es la escritura de una modalidad simbólica más allá de los
códices ciudadanos. Es trazo que demarca un territorio fuera de la legislación
del granito de lo simbólico sin dejar de incluirlo. Es cartografía de historia, enigma y obra. Es
minuta que constituye al sujeto fuera de los ámbitos conocidos de su
conciencia. Es cédula, no de identidad, sino de existencia transversal al
tiempo.
La cuestión del nombre es una
dimensión compleja que anuda la incidencia social y la singularidad
existencial. Se trata de una adentro que es al mismo tiempo una afuera. Para
dar cuenta de las dificultades que esto implica y los distintos modos como el
poder, acomete en la existencia del sujeto, presentamos un ejemplo de la
ingerencia de lo política en la configuración de los espacios subjetivos y, la
importancia que el nombre propio, tiene en estos entramados.
El asesino
Ese
sitio era llamado Coyoacán. Se trataba de un pequeño pueblo que sería tragado por la gran Ciudad de México.
Allí,
en 1940 habría de ocurrir un asesinato brutal que cimbró no solo a los
lugareños sino a todo el mundo. El 20 de agosto en la calle de Viena, a las
17:30, León Trotsky había sufrido un atentado. Un hombre que logró devenir de
su confianza, le había enterrado un zapapico en la cabeza. Unas horas después,
el revolucionario fallecía.
El
agresor se hacía llamar Jacques Mornard, se declaraba ciudadano belga y
ferviente admirador de su víctima. El día del atentado, este hombre que era
novio de una amiga de la secretaria del militante ruso, estaba encerrado con él
en su despacho. Mientras Trotsky leía un artículo de su autoría, le clavó por
la espalda el pico de montañismo, alegando un arrebato de exaltación y enojo
ante la solicitud que asesinara al camarada Stalin. En el momento de su
detención, minutos después del acto, llevaba una pistola y un cuchillo cosido a
su gabardina. También una carta donde explicaba su nombre y nacionalidad, así
como el motivo del homicidio.
El
juez encargado de llevar el caso, don Raúl Carrancá y Trujillo, tenía la
particularidad de haber tenido correspondencia directa con Sigmund Freud. Este
legalista mexicano le había enviado sus artículos al creador del psicoanálisis
quien le respondió complacido de que sus teorías pudiesen ser de utilidad a las
ciencias penales. Raúl Carrancá no solo leía y escribía sobre las teoría
freudianas sino que había experimentado métodos psicoanalíticos para examinar a
presuntos criminales y casos complicados de desentrañar.2
Ante
las primeras declaraciones, el juez desconfió de la veracidad del relato. El
hecho de que la embajada de Bélgica en México desconociera al susodicho y de
que algunos exiliados reconociesen en él a un ciudadano catalán3 lo
alertó y, apoyado en el artículo 52 del Código Penal, encargó a dos prominentes
especialistas, estudiaran el expediente y analizaran al sujeto. Se trataba del
maestro universitario y psiquiatra forense Dr. José Gómez Robleda y del joven
pero destacado criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón.
El
estudio que arrojó un total de 1359 hojas, duró 6 meses a razón de 6 horas
diarias de entrevistas, exámenes y análisis para un total de 972 horas,
representando el estudio más amplio y completo jamás practicado.4
Los estudios médico-clínicos no arrojaron ninguna enfermedad ni anatómica ni
mental. A decir de los investigadores, se trataba de un hombre con plena
conciencia de sus actos y lejos de cualquier caracterización psicótica. Esta
afirmación se basaba en el análisis de fotografías, de perfiles antropológicos,
de laboratorio, de test psicológicos pero, principalmente, de una escucha
atenta del decir del sujeto, que incluía lapsus, autobiografía y,
especialmente, sueños.
…
[i]Referencias
[i] Este
texto remite al seminario El Sujeto en tiempos de violencia, que en el mes de
mayo de este año, tuvo lugar tanto en Guadalajara como en Puebla. Como referencia
se encontrará un video en You Tube grabado por los colegas del colectivo
a-conteSer. Además este pequeño escrito, es un fragmento de mi libro de próxima
aparición llamado: Psicoanálisis con arte. Lenguaje, goce y topología.
2 Ver Gallo Rubén, Freud en México, FCE, México, 2014.
3 Ver Padura Leonardo, El hombre que amaba a los
perros, Tusquets editores, 2013, especialmente la segunda y la tercera parte.
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